lunes, 8 de septiembre de 2008

Nuevas funciones asignadas desde la India

8 de septiembre

A Miren le han encomendado una nueva función en Regina Pacis, India:

"Hace ya varias semanas, Bego me llevó a lo que en Regina Pacis se conoce como la “university”. Una minúscula habitacion, de apenas un par de metros cuadrados, entre la lavandería y la zona donde trabajan los carpinteros.

Sentada en un pupitre, Sister Margaret; en frente de ella, formales y en silencio, tres niñas con el pelo cortísimo, miradas vivaces y sonrisas picaronas. Tres hermanas que viven con su familia en la acera de enfrente. Tres hermanas que vienen todas la mañanas a que les bañen, les den de comer y les enseñen un poco de inglés. Tres hermanas afortunadas. Tres hermanas que serían mis estudiantes durante esa semana.

En las próximas dos horas tenía que seguir enseñándoles las letras del alfabeto, iban por la M. “Por ahora solo aprendemos las letras que se escriben con lineas rectas” me había dicho Sister Margaret. “OK, no problem” fue mi respuesta. No sabía lo que decía.

Ellas en marathi, yo en inglés. Bendita la expresión corporal! Durante dos horas traté de que se mantuvieran más o menos quietas en sus sillas, dibujando en sus cuadernos líneas y líneas de preciosas M-s. Claro está, ni siquiera me planteé pasar a la N. Al final de la clase, cuando les pregunté, “which letter is this?” señalando una gran M dibujada en la pizarra, me contestaron riendo: “M for milk!!”

Esa noche me acosté con una sonrisa yo también, mañana continuaríamos con la N…

Aquella noche habíamos salido a tomar uno de los nuevos placers que recientemente India nos habia descubierto: el lassi. Un batido de yogur, delicioso y refrescante, perfecto para acabar la jornada charlando tranquilamente. Tan tranquilamente que se nos echó encima el tiempo y como siempre, volvíamos corriendo a la residencia antes de que la cerraran.

En el camino, algo me frenó. Allí estaba ella, un angelito, acurrucada contra la pared, justo al lado de la entrada de un local, durmiendo plácidamente. Ajena al ruido que la rodeaba, ajena al gentío que transitaba la calle, ajena a los peligros de la calle, ajena al frío, al calor o a la lluvia. Como almohada su brazo frágil, como pijama su ropa de todos los días, la acera como colchón y el cielo gris de Mumbai como techo.

Era una de mis traviesas estudiantes de pelo corto, mirada vivaz y sonrisa picarona. Me estaba enseñando la misma letra que yo le enseñé, la M, M for Mumbai.

Esa noche me acosté con el alma en los pies, mañana continuaría aprendiendo más letras del alfabeto…"